De regreso a casa

 

Oh! hermosa tierra! tus marinos han vuelto al hogar

28 de noviembre de 2005

 

Era 14 de mayo, un día soleado. Las carreras no se hicieron esperar y los nervios estaban a flor de piel acompañados por la nostalgia de dejar a sus seres queridos en el puerto del hogar. Comenzó la ceremonia y las lágrimas empezaban a aparecer; la emoción de la grandiosa experiencia que estaba por comenzar y por la cual habían esperado tanto tiempo, estaba por zarpar para ir navegar por los mares del mundo.

“¡Tripulación del Buque Escuela ARC “Gloria”… Embarcar!”, para el Guardiamarina Felipe Londoño esas palabras resonaron mucho más que a los demás en su corazón, pues lejos de este soleado puerto en la ciudad de Medellín se encontraba su mamá en muy delicado estado de salud y él como hijo único tenia sus pensamientos junto a ella, pero las oraciones que ella le enviaba con el viento le daban la fortaleza necesaria para cumplir y no desfallecer.

Inició el embarque y los pañuelos blancos y las bombas amarillas de la esperanza no se hicieron esperar para flotar por los aires, volaran al lado de este majestuoso buque como centinelas para proteger la vida y los sueños de estos jóvenes marinos de la patria.

Les esperaba una larga travesía hasta el primer puerto de este crucero y aquellos jóvenes no tardaron en experimentar los rigores del mar. Sus estómagos se volvieron frágiles por el vaivén de las olas y no resistían alimento alguno. Muchos fueron recuperándose a los pocos días, pero otros estuvieron bastante delicados, aunque pudieron más las ganas de navegar y el amor por el mar que un malestar, venciendo pronto a ese temible enemigo llamado “Hugo, Hugo”, reincorporándose más pronto que tarde a sus obligaciones marineras.

Pero este mal no solamente es de los neófitos navegantes, pues hasta los más avezados lobos de mar son atacados por este silencioso enemigo que mortifica el alma y descompone el espíritu. No importan los años de experiencia, cuando el mar les juega una mala pasada, les juega una mala pasada.

La emoción fue grande cuando divisaron la costa y más de uno quiso gritar tierra a la vista. El suspiro de muchos cuando llegaron al puerto de Halifax en Canadá, bajar a tierra fue un alivio, pero las expectativas de conocer un nuevo país serían grandes, pues, además de conocer hermosos sitios turísticos y de gran tradición marinera disfrutarían de las amplias atenciones de quienes los recibieron en puerto.

Pasaron rápido los días y el zarpe hacia Inglaterra se anunció entre pitos y ordenes del contramaestre y el Comandante. ¡Se invita al personal ajeno a desembarcar por tener el buque que hacerse a la mar! ¡Servicios especiales a sus puestos! ¡Soltar amarras! Y el buque se aleja del muelle acompañado de las notas del Himno del Gloria, haciendo soñar a los colombianos que en puerto ven en esa Unidad un pedacito de su lejana patria.

Los vientos fueron favorables y la instrucción a los jóvenes Guardiamarinas avanzaba rápidamente. Fueron más de 20 días de agua, agua y más agua hasta llegar a Inglaterra donde participarían en la Revista Naval más grande de la historia para la celebración de los 200 años de la Batalla de Trafalgar. Cientos de buques de guerra y veleros insignia de todas las naciones del mundo se hicieron presentes y entre ellos, nuestro buque desplegaba majestuoso su gran tricolor y resaltaba a lo lejos. Los juegos pirotécnicos iluminaron en la noche todos los buques presentes, convirtiendo el lugar en una fiesta memorable para festejar la libertad de los pueblos. Fue una oportunidad insuperable para los tripulantes quienes tuvieron la fortuna de vivirla.

Y ahora nuevamente a la mar, los próximos puertos era Bremen Haven en Alemania, San Petesburgo en Rusia donde nuestros tripulantes quedaron flechados por la belleza de sus mujeres quienes fueron permanentes compañeras de nuestros jóvenes marinos durante su permanencia en esta mítica ciudad.

“Quede muy impresionado con las mujeres en Rusia, más que en los otros puertos, no solamente por su belleza física, sino por su forma de ser, que a pesar de las barreras del idioma nos mostraron la calidez del pueblo ruso, ciertos lugares y nos contaron las historias que le han dado la vuelta al mundo…, afirma el Guardiamarina Juan Manuel Rueda. Después de este puerto zarparon rumbo a Estocolmo en Suecia.

“Los tours fueron geniales, a uno en algunas ocasiones sentía como si le doliera el corazón por tener la oportunidad de conocer estos lugares y más aún cuando en estas tierras tan lejanas te reciben con una sonrisa las colonias colombianas, compatriotas ávidos de patria y que saben que es estar lejos del hogar. Con ellos intercambiamos pequeños regalitos, como el preciado tesoro de una libra de café, postales de Colombia, las chivas y muchos otros detalles que les llenaron el alma y los hicieron llorar. Es que verlos con banderas en el muelle fue lindo y más aún es ver como crece el sentimiento por la tierra cuando se ve ondear el tricolor, la verdad, la piel se le pone de gallina a uno. No solamente en este puerto sino en todos fue igual”aseguró la Guardiamarina Natalia Otálora.

Y como el que es caballero repite, llegaron otra vez a puerto alemán. Esta vez a la ciudad de Hamburgo. Pero la mayor ilusión de varios jóvenes era el siguiente puerto para volverse a encontrar con el Coronel Michel Rigabert y su adorable esposa Jane del Ejército francés, quienes el año pasado estuvieron durante un mes en la Escuela Naval dictándoles clases de historia y datos a los cadetes, hoy Guardiamarinas. El puerto era Brest en el norte de Francia.

Michael y Jane a parte de haber dejado su corazón de admiración en la Escuela Naval y sus “eleves” como ella los llama, los une un lazo mucho más fuerte con nuestro país y es el tener dos hijas adoptadas de origen colombiano.

Cuando llegó el buque a puerto fueron los primeros en estar allí, él con su impecable uniforme y ella en sus más perfectas galas. Fueron invitados de honor a la fiesta realizada a bordo de la unidad y posteriormente viajaron junto con los Guardiamarinas hacia Paris, donde recorrieron los Campos Eliseos y subieron a la torre Eiffel además de ser unos guías ideales y acompañantes de alto nivel.

“Definitivamente aquí se rompe el mito de la dureza o frialdad del francés y entra la calidez de estas personas que a parte de su corazón pusieron lo mejor de sus voluntades para hacer de nuestra visita a Francia algo inolvidable. Eso me llego al alma y un cariño tan desinteresado uno no lo encuentra tan fácil a la vuelta de la esquina. La alegría que tenemos es que ellos van a venir a Colombia en Diciembre para estar en nuestra graduación y su puesto será de honor.” Nos contó el Guardiamarina Juan Manuel Rueda.

La travesía hasta Cádiz se realizó en completa calma y la llegada fue muy alegre porque era un país donde por fin podrían utilizar nuevamente a sus anchas el idioma. 
 

De regreso a Casa 

 

Fueron 40 días de pura agua sin ver tierra y el temor era que el buque fuera afectado por los temporales y huracanes que se estaban originando en el Atlántico, pero la pericia y experiencia de sus tripulantes, en cabeza de su Comandante tomaron la decisión de bajar hacia el sur casi hasta Brasil para evitar ser alcanzados y esto permitió que la tranquilidad siempre reinara a bordo.

 

Uno de los momentos más emocionantes de este trayecto, afirma el Guardiamarina Nicolás Buendía, “fue cuando estábamos dedicados por lo alto a verificar las velas, cuando por altavoces oímos un pito que nos informaba que a partir de ese momento habíamos ingresado a aguas jurisdiccionales colombianas y de inmediato comenzó a sonar “a lo lejos se ve mi pueblo natal…” Todos sentimos que la piel se nos erizo y el grito de alegría no se hizo esperar, acompañado de lagrimas de emoción sabiendo que estábamos cerca de nuestra hermosa tierra y eso aumento nuestra ansiedad.”

“Y llegó el día, estábamos listos para entrar el día 8 de octubre, cuando vimos a lo lejos el puerto y esa gran fiesta náutica que nos esperaba en la bahía. Nuestros compañeros nos saludaban y era una alegría enorme volver a verlos. Pero la sensación más grande era saber que ya a pocos metros estaba mi mamá, eso es algo que no puedo describir. Lo mejor de viajar es volver a la propia tierra: Que viva Colombia! Fueron las palabras de la Guardiamarina Sofía Milanes.

Para estos ya “ experimentados marinos”, el 2005 será un año donde quedan plasmados sus más grandes anhelos como navegantes y los recuerdos de las personas que en cada puerto hicieron maravillosos los momentos vividos, pero ahora su corazón grita al pisar nuevamente tierra colombiana OH! HERMOSA TIERRA! TUS MARINOS HAN VUELTO AL HOGAR!!

 

CCACS Magdalena Méndez Vásquez

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