La mujer que inspiró el nombre

"Las nostalgias de la musa"

Por Gustavo Tatis Guerra
Periodista y poeta. Redactor cultural del periódico El Universal de Cartagena.
2008. 

 

 

 

 

 

Poco antes del zarpe del buque, había una mujer de cabellos plateados mirando el horizonte. La ceremonia, que se llevó a cabo en la Bahía de las Animas, le removió los recuerdos de hace cuarenta años. Su emoción estaba en el límite de las lágrimas.

Había acariciado en la mañana una réplica de ese barco en miniatura, entregado por el Capitán de Navío Ernesto Durán, y era como volver a ver el rostro de su esposo viendo surcar el buque por los mares del mundo. 

Era Gloria Zawadsky de Rebéiz, la viuda del General Gabriel Rebéiz, quien murió sin haber visto culminado uno de sus sueños mayores: la construcción de un velero de tres palos que fuera una imagen de Colombia.

 

"Gabriel murió hace cuarenta años, cuando nuestro hijo menor, Gregorio, apenas contaba con 8 meses de nacido", dice. 

 

Es la segunda vez que ve el buque, pero jamás ha viajado en él. Sólo en los sueños surca los mares al lado de su esposo, el General Rebéiz, a quien recuerda ahora como "un hombre enérgico, eficiente, preparado". El instante que está viviendo le parece sencillamente mágico. "Es una rara coincidencia que hayan pasado cuarenta años de viudez y sean los mismos años de mi hijo Gregorio, con quien he venido a Cartagena. Recuerdo que cuando era niño, viendo el buque, dijo:  Ese barco es tuyo, mamá!

 

El honor de que el buque lleve su nombre es para ella un homenaje entrañable y gigantesco. 

 

"Los sueños de los hombres son tan personales que no se logra intuir la relación entre los deseos y el destino. El no pudo vivir sin su propio sueño pero lo vive ahora una nación", dice esta mujer de origen polaco, para quien este día ha sido una suma de sorpresas. Es curioso pero no ha leído a Joseph Conrad, el gran novelista polaco que mejor ha narrado el espíritu de los hombres del mar. Pero está leyendo con emoción al novelista húngaro Sándor Márai.

...Ahora es el instante supremo de la partida. Hay una oración y una bendición de viaje antes de abordar el Buque Gloria. Hay una exaltación de lo que significa el viaje como un crucero de formación personal y profesional, una afirmación del temple espiritual y de la disciplina a bordo y una valoración de lo que ha representado el buque en las hazañas del mar. 

Ante la ceremonia del zarpe con globos amarillos, azules y rojos, ella siente los dedos frágiles de una de sus nietas en los brazos de su hijo Gregorio. Aquellos dedos que buscan sus propios dedos en este momento del atardecer, son una escena íntima, humana, frente a un barco inmenso que está a punto de partir. 

Decir adiós bajo la luz dorada del ocaso es lo más solemne y conmovedor del mundo."

 

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